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¿Por qué corres?

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Ciertamente es una pregunta de aquellas que hacen pensar. Es la primera pregunta que te tendría que venir a la cabeza cuando ves a un corredor sudado, empapado y resoplando de lo más. Seguramente si aterrizara un extraterrestre y viera miles de corredores, dando vueltas en los estadios sin cesar, para no moverse de sitio, o arriba y abajo por calles, avenidas y parques para acabar volviendo a casa, se preguntaría: ¿por qué corren? En cambio, a mí, que corro, nadie me lo ha preguntado nunca; y yo tampoco lo he preguntado nunca a ningún otro corredor. Es un tema que tenemos interiorizado. Corremos y punto. Nadie se pregunta ¿por qué?. Y cómo está muy bien visto en la sociedad, no hay que darle más vueltas.
Cuándo he empezado a pensar en como responder a la pregunta, ya he visto que no sería fácil. La respuesta directa del tipo “por salud” no me convence. Hay muchas cosas saludables que no hago, y muchas de menos saludables que me molestaría dejar de hacerlas… por ejemplo la cerveza después de correr, ¿verdad que es de lo mejor? ¿No será que corro sólo por este primer trago largo de cerveza? No. Es más que eso.

Lo primero que me ha venido a la cabeza son unas cuántas anécdotas. Una, de un amigo, que me dijo, cuando estaba a punto de marchar de vacaciones al Senegal, “allá no vayas a correr eh!, que si te ven corriendo, todo el mundo se esconderá por miedo al león que viene detrás”, o aquel dicho atribuido a Hatsumi Sensei cuando le preguntaron si correr era bueno. Su respuesta fue “bien, si tienes prisa…”. Y la imprescindible entrevista a un supuesto doctor brasileño que desmiente que correr sea saludable. La entrevista es buenísima. Argumentos del tipo “el animal que más tiempo vive en todo el mundo es la tortuga (centenares de años), precisamente el animal que menos corre” ponen en entredicho la profesionalidad del doctor. Sea como fuere, se tiene que leer (poner “Dr. Paulo Ubiratan” en Google).

De argumentos para no correr se podrían encontrar muchos más. Así pues ¿por qué corro? Es difícil de explicar. La respuesta involucra sentimiento, emociones, capacidad de superación, sufrimiento, competitividad, pero también compañerismo, encontrarse a uno mismo, reflexión, satisfacción con uno mismo… todos ellos conceptos que no tengo la habilidad suficiente para describir con detalle mediante palabras. Supongo que para entenderlo se tiene que correr. De otra forma no te entra a la cabeza que puede llevar a una persona a calzarse unas deportivas, esté lloviendo o nevando, y salir a correr. Otros corredores, mucho más habilidosos que yo en el mundo de las letras, han probado de explicarlo. Por ejemplo el periodista multi-maratón Arcadi Alibés en su libro “Correr para ser feliz” o el escritor de éxito Haruki Murakami en el suyo “De que hablo cuando hablo de correr”. Ambos muy recomendables, siendo el segundo más introspectivo. Y si sólo queréis probar un poco de este sentimiento, recomiendo el vídeo de YouTube titulado “Esos locos que corren”. Estoy seguro que todo el mundo que corre comparte estos sentimientos.

Lógicamente, estos sentimientos del corredor no aparecen de un día para otro. Hace falta un proceso de enamoramiento con la actividad, más o menos largo. Si una persona sale un día a correr, probablemente, el sentimiento que tendrá cuando haya acabado será “nunca más”. En esta etapa de enamoramiento hace falta un incentivo para volver. Y este es el que cambia de un corredor a otro. Todo el mundo empezó por un motivo diferente: un consejo del médico, un reto personal, … explicaré mi caso, que es particular. Resulta que en invierno, me gustaba ir un rato al atardecer a la piscina a nadar. Pagaba el abono anual de la piscina de Les Comes en Igualada. Hasta que un día mi padre (corredor empedernido) me dijo que si me apuntaba a la sección de Triatlón del CAI (Club Atlètic Igualada) te salía la piscina de balde. La contrapartida: tenía que participar en un triatlón. Sabía nadar y en verano hacíamos buenas salidas en bicicleta, pero correr, no! No me gustaba y lo encontraba durísimo. Lo máximo que había corrido eran 12 minutos en el estadio con el Instituto. Lo llamaban el Test de Cooper. Y era un suplicio. Pero cómo el dinero es dinero, un amigo (Gabri) y yo empezamos a correr con el objetivo de acabar los 5 km de un triatlón Sprint sin tener que andar. Y lo conseguimos. Y ya no pude parar de correr. 10 km. Medio maratón. Y finalmente un maratón.

Pues a la pregunta, ¿por qué corres? La respuesta podría haber sido: corro por dinero. Cierta, pero nada más lejos de la realidad.

Francesc Soriguera Martí

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